as drogas son algo más que otro problema social. Las investigaciones han demostrado que el elemento en particular más destructivo presente en nuestra cultura actual son las drogas.
El consumo de drogas callejeras como la heroína, la cocaína, el polvo de ángel, la marihuana, etc. ha proliferado en todos los niveles de la sociedad. Los estudiantes de instituto y universidad se atrofian el cerebro con marihuana; a los escolares se les persuade diariamente para que tomen pastillas, tanto mediante presiones de sus compañeros como presiones del marketing de la industria farmacéutica; y, según parece, a menudo vecinos o compañeros de trabajo mantienen en secreto su drogadicción.
El consumo generalizado de drogas ilegales, muchas de las cuales eran originalmente remedios que se recetaban, ha creado una industria que mueve 500 mil millones de dólares anuales.
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Las drogas obstaculizan la capacidad mental y el progreso espiritual.
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Con todo lo atroces y dañinas que han demostrado ser las drogas callejeras, las drogas médicas y psiquiátricas que alteran el estado de ánimo forman un vector igualmente destructivo en esta tendencia bioquímica. Ya en los años 50, el consumo diario de analgésicos y somníferos estaba tan extendido que apenas se consideraban drogas. El valium fue la primera droga que ocupó un lugar entre los tranquilizantes predilectos. Hoy, sin embargo, tenemos drogas como la thorazina, la stelazina, el zoloft, el prozac, el tofranil, el xanax y el ritalín, que pueden ser incluso más perjudiciales que las drogas de la calle. La forma generalizada en que se prescriben estas drogas como panacea es con frecuencia algo escandaloso para los que no están informados.
Además, aparte de las drogas, que son hoy una parte tan grande de nuestro mundo moderno, los avances tecnológicos del siglo pasado han producido muchos efectos secundarios perniciosos, cada uno de los cuales amenaza el bienestar del individuo. Vivimos en una sociedad dirigida por la química. Por ejemplo, la contaminación atmosférica era desconocida antes del auge de los centros industriales en Gran Bretaña. En la actualidad, todas las grandes ciudades del mundo advierten a sus habitantes a diario de la calidad del aire que están respirando. Hace cien años, los principales conservantes alimenticios eran la sal o el hielo. Hoy, casi todos los alimentos envasados contienen una lista de aditivos artificiales más larga que la de ingredientes naturales. Los desastres medioambientales, como la catástrofe de la central nuclear de Chernobyl, en la antigua URSS, en 1986, por no mencionar la exposición radiactiva causada por las extensas pruebas nucleares en otros lugares, comenzaron hace sólo 50 años.
No hay manera de huir de nuestra civilización contaminada. Otra cosa sería si los efectos de todos estos productos químicos fueran sólo fisiológicos, pero las drogas obstaculizan la capacidad mental y el progreso espiritual.
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